12.5.10

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carilda / una hipérbole / aquel hombro

Eres joven. Recuerdas, a ratos, cuando llueve,
la tristeza sin ruido de un crepúsculo breve.
Te sale la sonrisa de algún jazmín abierto.
Parecerás hermoso después que te hayas muerto.
A veces por la tarde mirando tu retrato
te quiero como a un libro, te quiero como a un gato.
Haces la primavera debajo de la espuma.
Tienes el alma fácil. Se te olvida la pluma.
Ayer me regalaste un pomo y dos bombones.
Ya el cielo no es de Dios: lo quitas y lo pones.
Vienes de una esperanza, de un árbol que se apoya.
Y te gustan los lápices, la leche, la cebolla.
Mi espejo, mi mañana, mi muchacho con nubes:
estás aquí hasta siempre; desde la tierra subes.
Te quiero. Son las seis. Te querré todavía.
Me tomarás la mano subiendo en el tranvía.
Iremos noche a noche solos por la Calzada:
tú con zapatos sucios, yo con la blusa usada.
Y cuando pasen años y allá en la Biblioteca
se me arrepienta el cutis como a cualquier muñeca
que daba viajecitos absurdos al Juzgado
y que tenía un sueño azul recién pintado;
ah, sí... cuando ya no use siquiera cinturón,
y te duela la frente o te duela el riñón:
tú serás abogado con muy pocos asuntos
y yo la misma novia hasta morirnos juntos.

- carilda oliver labra / para el novio / 1947 -

gracias a celestina terciopelo. la luz y el agua esta vez vienen de sus manos.

1 comentario:

Soulecito dijo...

Celestina Terciopelo es culpable de revelarnos este milagro llamado Carilda, y se refiere uno a ella así, "Carilda", sólo por su nombre porque es tanta la sencillez, tan certero y genial su verso, que uno no puede más que sentirse amigo íntimo de su pluma.